![]() |
|||
ARTICULO / INVENTAR EL MUNDO Corina Matamoros Tuma, Havana, March-May 2003 En 1917, después de pagar los seis dólares reglamentarios para acceder a un salón libre de esculturas en Nueva York, Mr. Mutt envía una fuente que fue rechazada por los organizadores al considerarse vulgar y sospechosa de plagio. En el texto en el que explica su reclamo, Mr. Mutt alega que su fuente no tiene nada de inmoral, puesto que los urinarios – tal era su pieza – como todos los artículos sanitarios, pueden verse tranquilamente en las vidrieras de las tiendas. Y en cuanto al plagio explica que el hecho de fabricar con sus propias manos un objeto no tiene ninguna importancia; que lo realmente valioso es elegir ese objeto de la vida cotidiana, cambiarle su valor utilitario y conferirle una nueva concepción. Luego de este golpe bajo dadaísta los objetos ya no volvieron a ser nunca los mismos. Mas adelante, en 1924, bretón propone el objeto onírico y Dalí el objeto de funcionamiento simbólico en 1930. Con el despliegue de la poética surrealista los objetos se revelaron portadores de significados inusitados que hasta entonces no habían sido percibidos. El expresionismo abstracto, el Pop y casi todo el arte contemporáneo hubieran sido inconcebibles sin esa nueva dimensión de pensamiento que arrastra la revolución surrealista. Pero he aquí que Los Carpinteros, el trío de escultores cubanos, están empeñados en la titánica tarea de llenar el mundo con otros objetos y sus consiguientes otros porqués. Como si dijéramos, inventar el mundo. Los carpinteros surgen a principios de los anos 90 en momentos muy especiales para la situación cubana. Por un lado comenzaba a producirse un periodo de contracción económico-social muy grande, y, por otro, una nueva generación de artistas muy jóvenes – estudiantes en su mayoría – empezaron a ocupar los espacios artísticos ya establecidos o a increpar por otros, en vista del desplazamiento de muchos creadores hacia México, España y Estados Unidos. Antes de convertirse en Los carpinteros, fue importante la orientación pedagógica de Rene Francisco Rodríguez en el Instituto Superior de Arte. El proyecto La Casa Nacional (en 1990), que realizaron bajo sus auspicios, los hizo adentrarse en la revalorizacion del trabajo artesanal de la arquitectura colonial, en momentos en que la preanimación restauradora de La Habana Vieja era muy fuerte. Esta incursión enfática en los procesos de ebanistería y carpintería que fueran antaño de una notoriedad deslumbrante, asociados a la documentación pictórica del trabajo, fueron sus comienzos. En la muestra Pintura de caballete (Centro de Arte 23 y 12, La Habana 1992) Los Carpinteros hallaron su propio método y su orientación de poética. Por varios anos decidieron centrarse en la conceptualizacion de la actividad constructiva como tal, hasta convertirla en sujeto mismo de trabajo. Y lo realizaban en comunidad interdisciplinaria, aprovechando los lados imprecisos entre el arte y una tradición artesanal que se perdía en el tiempo, y colocándose en un terreno de alta ambiguedad. Digamos, por el momento, que descubrieron un ámbito artístico ciertamente singular, un campo inédito. Con la exhibición Interior habaneros de 1994 esta poética fue explotada con niveles de elaboración artísticos muy apreciados en nuestro contexto y que los hicieron populares. Piezas como Marquilla cigarrera cubana, Ventana holandés, Quemando árboles, entre otras demostraron una eficacia novedosa. Metiéndose relleno en la tradición popular de las fabulosas marquillas de tabaco cubano, tomando textos de esas mismas marquillas que luego reproducían para sus escenas de retratos, interpelando el pasado desde el presente, y eludiendo si el producto final era arte o artesanía, el trío asumió elípticamente los asuntos sociales, se amparo en la supuesta despolitización de los procesos artesanales, y construyo suntuosas representaciones en maderas preciosas que nos dejaron por entonces sin aliento. Un verdadero bridge over troubled waters en los noventa cubanos. Con el paso del tiempo las obras de Los Carpinteros parecen más cerébrales, como procedentes de absurdos lingüísticos o equívocos literales. Alrededor del salto que parece haber representado Ciudad Transportable – realizada para la Bienal de la Habana des 2000 – la mayoría de las obras no enfrentan con la paradoja de ideas improbables encarnadas en objetos perfectos. Mesas cuyas superficies contienen agua; un archivo metálico con una enorme gaveta de madera que nunca entrara en la cavidad predestinada; un famoso edificio habanero convertido en gavetero; una inpecable escalera en cuyos peldanos yacen las huellas circulares de resistencias de cocinas electricas; unas fragiles y graciles torres de vigia, donde la gente sube a charlar; un sembrado de cafe cuyas plantas son cafeteras. El choque visual, la correlación irracional de materiales o elementos muy disímiles, la sorpresa de la sugerencia icnográfica, la naturalidad del objeto cotidiano interceptada por un uso o una atribución descabellada, la humorada que provoca el absurdo, la preferencia por alborotar las funciones de un objeto, han sido sus claves mas actuales. Fluido, el proyecto que presentamos en el Museo nacional, es una perturbadora visión de lo que habitualmente relacionamos con un camino. Partiendo de un significado paradójico, de casi un juego de palabras visual, los Carpinteros han hecho la síntesis de una carretera y su contrario en un mismo elemento estructural. Porque lo primero que nos viene a la mente cuando decimos vía, camino, pista, carril, es una superficie plana y lisa, algo que permita deslizárnoslo mejor posible, ya sea con cascos de caballos, ruedas de carreteras o gomas de carros. Y esta carretera es a la vez vía y neumático: soporte imposible para deslizamiento y objeto incapaz de rodamiento. ¿Transito impracticable, camino vedado, unidad de contrarios, ironía visual, reclamo de pavimentación? La carretera es un charco de gotas gigantes, goterones de caucho que no rodaran nunca, que semejan mas bien, desenfadadamente, la forma natural en que se hacen los triíllos y los charcos de agua en nuestros paisajes: con el peso de las botas del hombre, con el paso de la gente, con el espesor del barro, con la caída de la lluvia. Pero esta es una lluvia de asfalto, trepidando desde el cielo, imposible de aplacar. Un acto que apunta una contradicción, un hecho que apela a otra lógica, una imagen que sugiere otro ordenamiento. A través de la carretera fluida (o de la mesa de agua, o del campo de cafeteras) los Carpinteros se deciden por el comentario critico, filosófico, de las cosas, empujando lentamente a sus obras hacia un ámbito de coartadas plásticas. Con derroche de ingenio desmenuzan sinsentidos, exploran desacuerdos, tantean incompatibilidades, rebaten lógicas, sugieren antípodas, regalan argumentos. En cada acto humano en cada porción de naturaleza puede encontrarse en acecho una paradoja susceptible de ser analizada. La moraleja de los Carpinteros se circunscribe al apunte, al esbozo de la naturaleza contradictoria, al anzuelo que nos ceden al pasar. Con la ambigüedad de que son proverbiales (tal vez por la ecuación que resume las tres personalidades del grupo, tal ver por cinismo de poética) nos han dejado pescando solos en las aguas y nos miran sonrientes y suspicaces para ver que sacamos nosotros de las aguas que siguen fluyendo, desde hace un siglo, de la fuente de Mr. Mutt. Hijos de su tiempo, las poderosas corrientes conceptuales también han matizado sus quehaceres. Toda esa traslación de la práctica del arte hacia los predios de la lingüística abrió uno de los cambios más fecundos desde mediados del XX, particularmente en América Latina. Porque aquí el conceptualismo salio a ala calle, se distancio de las preocupaciones principalmente autos referenciales del arte y se volcó hacia la sociedad, hacia la ideología, hacia los conflictos institucionales y del poder. Por demás, se aparto también de la ortodoxa desmaterializacion del objeto y se dedico a conferirle tanto connotaciones socio-políticas referidas a los avatares de vida del continente, como a enriquecerlo insistiendo en sus cualidades sensoriales, a fin de que lograra conectarse mas terrenalmente con el espectador, tratando de llevarlo a un compromiso caliente. Todo esto se siente sin dudas al ver las obras de los Carpinteros. Pero cuando Ud. Camine con dificultad sobre (mas bien entre) esta carretera recuerde que estamos en Cuba. Imagine por un instante los Chevrolets y los Plymouth de los 50 con motores de Lada, las lavadoras rusas cortadas a la mitad para suprimir la siempre rota secadora, o los inverosímiles tanque de agua encaramados por cualquier parte de las casas, los refrigeradores de mas de medio siglo reparados hasta el infinito, las válvulas de las ollas de presión sustituidas por tapitas de goma de bulbos de penicilina china, las cajas de plástico industriales adaptadas para sentar a los niños en las bicicletas, el mismísimo camello, la pita de pescar para remediar los viejos herrajes de baño... Estos podrían ser los verdaderos émulos de las obras de los Carpinteros, sus secretos inspiradores, sus más reveros jueces o, al menos, sus padres espirituales. Cada vez mas aceleradamente, en los últimos anos, Los Carpinteros inventan nuevos objetos para poblar el mundo. A la manera de lunáticos constructores, hacen un bello sofá caliente, lleno de hornillas para cocinar, o una carretilla que sirve de bañadora. Y solemnemente, como quien vuelve a definir las cosas, como quien ha sopesado todas las variantes, nos entregan estos enseres, estos nuevos utensilios, preciosas herramientas para pensar. Asentados fuertemente en el ámbito de lo domestico, han decidido diseñar otro universo: desde algo simple, como una mesa o un archivo, hasta una ciudad portátil; desde una piscina hasta la carretera inflada. Dicen que el hombre lo puede disponer todo y, como unos da Vincis del barrio, están inventando a seis manos un mundo habitado de otro modo. ¿Querrán jugar a los dioses? ¿Harán mañana una galaxia de metal pulido o a caso de fino algodón? Sus proyectos han ido ampliando cada vez más la escala de intervención y, tal vez, hasta nos tengan reservada la sorpresa de otro cielo; quizás nos levantemos mañana y tengamos otro horizonte donde ellos, con la ingeniosidad de un mecánico de carros viejos, habrán trabajado con ahínco. Porque, eso si, son unos operarios magníficos, unos constructores concienzudos. Han pasado, para mas importancia curricular, por múltiples oficios: albañiles, ebanistas, fogoneros, sembradores, bibliotecarios, ingenieros, herreros... Cada nuevo objeto exige dominar una nueva profesión; cada material desconocido, experimentar otro metier; cada reto fabril, entender determinada tecnología. Y como inventores talentosos se han entregado bien a su tarea en un insospechado nomadismo de destrezas. Lo he visto, en la gomera del Cotorro, romperse la espalda tratando de dominar el caucho, ese material misterioso e indócil con que hicieron los estudios preliminares para la construcción de la Carretera infladle. Allí, en una de las altas y solitarias naves, han ensayado con los obreros del lugar todas las formas de tratar esa sustancia, de comprender sus reacciones, de aquilatar los efectos del tolueno o la aplicación de la cámara de autoclave. ¡Verdaderos tecnólogos del caucho adentrándose en los secretos de la química! Se han metido allí donde el diseño no llega. Allí donde la función y el confort se amaneran en la satisfacción de los deseos. Allí donde la artesanía parece detenerse, solitaria, después de traspasar la línea del folklore. Allí donde la arquitectura se envara en sus parámetros de servicio, exigencias y vanidades públicas. Siendo una especie de escultores no tienen mucha relación con la escultura cubana. Delineando fulminantes objetos, no son gente del high design. Magníficos artesanos, no pertenecen a la tradición ni a la autóctona. Y todo esto para que. Leer tantas revistas de diseño, aficionarse a Mecánica popular, revisar montones de libros de arquitectura, entregarse a los catálogos de muebles, a los estudios de interiores. Para que. Los Carpinteros están construyendo otro mundo como paráfrasis del mundo. Están haciendo una glosa perspicaz de nuestra vida con los utensilios, las arquitecturas, las ingenierías y las artesanías que nos enmarcan y denotan. Han erigido el objeto domestico como paráfrasis del universo. La exaltación de la inventiva como recurso de resistencia cotidiana. La nueva lógica del artefacto como iluminadora del entorno. La escultura como alegoría de lo social. Si, recuerde con estas Carreteras infladles que estamos en Cuba, y que aquello de hacer caminos nos remite a la historia, a las promesas de gobernantes republicanos de la primera mitad del siglo XX, cuando “agua, caminos y escuelas” eran los símbolos del progreso, los senuelos mas socorridos del poder y una gran manera de enriquecerse con el erario publico. Una forma nacional de “inflar un globo” que los carpinteros parecen haber tomado al pie de la letra transformando la sabia metáfora popular en una desconcertante realidad. No se deje presionar por los autores, (a la larga las obras de arte ya son nuestras, de quienes las miramos) piense, piense mientras camina por este asfalto, imagine las mil cosas que en su vida o en la de su vecino son tan contradictorias como esta supuesta carretera... Este curador solo le pide que piense – mientras aprende a inflar globos (o caminos) con Los Carpinteros – en inventar el mundo. Corina Matamoros Tuma, La Habana, marzo – mayo 2003 Notas y Citas 1 Mr. Mutt fue el seudonimo utilizado or Marce Duchamp para esta ocasion, Ver su text "Le cas Richard Mutt", Art en theorie 1900-1990, Editorial Hazan, Francia 1997. 2 En alusion a la expresion de Andre Breton que dio titulo a la exposicion La Revolucion surrealiste, Centre Pompidou, Paris, marzo - junio 2002. 3 Fabrica de goma Conrado Pina, situada en el poblado del Cotorro, en la periferia de La Habana ©
Los Carpinteros, Exposicion Fluido | Institute Reasearch in Art: Contemporary
Art Museum / Graphicstudio (2003) Tampa, FL. p. 18 - 23. |
all images and content © 2007 los carpinteros
all rights reserved